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Venezuela, ¿una Constituyente para hacer qué?

La vida pública venezolana está sufriendo una escalada dramática. La convocatoria a elegir una Asamblea Constituyente el 30 de julio en vez de abrir un proceso de diálogo, ha calentado las calles y está haciendo temblar las instituciones. Según los últimos sondeos de DATANALISIS, un 85% de los venezolanos rechaza la propuesta y sólo un 25% dice que votaría el PSUV, el partido oficialista. Entonces, ¿una Constituyente para hacer qué? ¿Y qué piensan los militantes chavistas que a pesar de todo siguen involucrados en lo que llaman “revolución”?
En la urbanización Santa Eduvigis, municipio de Sucre al Este de Caracas, Antonio Bello muestra con orgullo el pequeño parque donde los vecinos se reúnen por la tarde y los chiquillos juegan. Este ex-policía de 54 años, es el vocero del Consejo Comunal CONCOBLOSE. «El parque estaba abandonado y a la gente le daba miedo acercarse. Un día nos reunimos, queríamos hacer algo, entonces enviamos el proyecto al Ministerio y pronto se realizó la obra».
El Consejo Comunal no es la autoridad municipal que sale de las urnas junto con el alcalde, sino una asamblea de vecinos y de agrupaciones sociales que tiene un rango constitucional y también su propio Ministerio. Fue Hugo Chávez quien imaginó una arquitectura de instituciones paralelas «para fortalecer la democracia participativa», así lo remarca Antonio Bello.
En todo el país a finales del 2015, según los datos gubernamentales, resultaban más de 45.000 Consejos Comunales, agrupados en casi 1.500 Comunas. La oposición los considera una trampa, los tacha de centros de movilización partidaria, un desvío de recursos y un peligro para el sistema democrático. Antonio Bello se ríe de esas críticas. En el llamado a la Constituyente el mismo presidente Nicolás Maduro ha hablado de las Comunas como uno de los ejes de una nueva Venezuela. Por eso los antichavistas siempre advierten del «peligro de la cubanización».
El Consejo comunal de Antonio Bello es un enclave chavista en un municipio opositor: «de los 5.000 electores, los chavistas recolectamos menos de 900 votos», dice el vocero, adjuntando que «las relaciones con el Alcalde no son las mejores». Los Consejos y las Comunas son controlados por los chavistas. ¿Qué pasaría si un día los vecinos antichavistas quisieran participar masivamente? Antonio Bello no tiene dudas: «No lo podríamos permitir. Nuestra revolución sólo puede ser socialista».
Esta condición imprescindible, siempre evocada por el partido oficialista, hace desvanecer cualquier posibilidad de compartir una visión común entre las dos Venezuela que chocan y se detestan. Y explica también por qué el oficialismo se mantiene sordo frente a todas las protestas callejeras en su contra. Eso asombra a muchos venezolanos, y cuanto más se acerca el 30 de julio, más incertidumbre hay. ¿Qué país va a diseñarse? El mismo sistema electoral plantea las primeras dudas: cada venezolano será llamado a dar dos votos, uno político – territorial y uno “sectorial”, en este caso eligiendo un representante por categoría profesional o social (trabajadores, empresarios, estudiantes, jóvenes, mujeres) o por Comunas. Un fraude más, denuncia la oposición, y un insoportable riesgo para el estado de derecho, según los chavistas disidentes.
«Somos mayoría», dice con tono firme Amaury, un militante chavista de la Parroquia Catedral durante una marcha oficialista. Sin embargo, en las últimas elecciones su partido no logró más del 40%. «Fue un voto castigo en medio de la fuerte crisis económica y en contra de una corrupción abrumadora», admite Luis, un militante de 70 años, sencillo y culto, que encuentro en el Parque Carabobo. «Yo apoyo la revolución – continúa –, pero las medidas tomadas son todas de emergencia, muchas son asistencialistas y algunas venenosas».
Un ejemplo son los CLAP y los bienes subsidiados. Los CLAP son cajas con 19 productos alimentarios básicos que el gobierno importa a 13 dólares cada una y vende a 10 mil bolívares (casi un dólar al mercado negro). Las distribuye los Consejos Comunales frente al colapso de la red de abastecimiento.
En las calles es todo un murmurar sobre cuántos de esos productos acaban en el enorme mercado negro. Antonio Bello me habla con orgullo del programa “Mi casa bien equipada”, que ofrece electrodomésticos a precios subsidiados. Unas horas después, en un café de Sabana Grande, dos pequeños empresarios me cuentan que hace poco tiempo habían comprado una nevera y un aire acondicionado. Los consiguieron gracias a dos personas distintas: un amigo que había comprado la nevera en un Consejo Comunal y un policía que custodiaba el camión del programa estatal. Los dos a un precio cincuenta veces más caro.
La duda queda intacta: ¿por qué convocar a una Constituyente? ¿Por qué no plantear políticas públicas eficaces a la Constitución vigente? «Porque queremos una Venezuela más comunera y más social», es la opinión de Emilio, un veterinario de 40 años que se postuló a la Constituyente. Lo dice mientras se oyen de lejos los tantos disparos de lacrimógenas que la Guardia Nacional Bolivariana lanza con generosidad para dispersar las protestas.

Wall Street Channel

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